Vonnegut en la parte trasera de mi carro

3 10 2009

Este es el texto que el escritor colombiano Andrés Felipe Solano leyó en la segunda sesión de Narrativa Última: lecturas de nuevos narradores colombianos.

Kurt Vonnegut

Kurt Vonnegut

By Andrés Felipe Solano

Hace algunas semanas un amigo me envió una foto por correo electrónico de lo que presumo es la parte trasera de un Volkswagen Escarabajo con una calcomanía pegada que dice: ¿Qué haría Bukowski?

Mi amigo, como yo, también intenta escribir novelas y uno de sus queridos muertos es Charles Bukowski. Muchos de ustedes se preguntarán qué puede decirle aquel escritor a estas alturas, cuando se acerca a los 33 años y está empezando su tercer libro. ¿Por qué tomar como émulo literario a este borracho deslenguado, que carga con la etiqueta de novelista para adolescentes marginados? Pues bien, para mi amigo Bukowski rebasa los estrechos límites de la escritura. Para él es algo así como un faro moral en medio de estos tiempos tan confusos. Sí, es verdad, el hombre que empezó publicando en una revista de Los Angeles una columna titulada Escritos de un viejo indecente es una conciencia superior en la que mi amigo confía. Por eso es pertinente la pregunta que se hace a menudo cuando enfrenta situaciones adversas: ¿Qué haría Bukowski? ¿Cómo respondería ante una cara desencajada durante una pelea marital de alto calibre? ¿Cómo habría atravesado una mañana desesperanzadora, cómo se habría comportado ante las insufribles quejas de un padre o la dolorosa muerte de su perro? Los lineamientos morales de Bukowski donde mi amigo encuentra consuelo son de este tipo: «Algunas veces simplemente me canso de pensar en todas las cosas que no quiero hacer, como blanquearme los dientes, lugares a los que no quiero ir, como India».

He estado pensando en la calcomanía que le pondría a la parte trasera de mi carro, en caso de que lo tuviera y en caso de que supiera manejar. ¿Cuál es el equivalente a Bukowski en mi caso, quién me guía en las sombras? ¿Qué nombre reemplazaría el del protagonista del letrero que algunos dueños ponen en la ventanilla trasera de sus carros y que dice: Jesús es mi conductor?

Kurt Vonnegut, es un escritor un poco menos subestimado que Bukowski pero que igual pertenece a una tribu menor para los cardenales de la literatura, los que insisten en los infalibles Pamuk, Oz y Vargas Llosa por decir algo, y se olvidan del ejército de hombres sobre los que en verdad descansa la escritura que importa, o por lo menos la que a mí me importa, aquellos que como Juan Carlos Onetti hablan no del «tiempo de la esperanza sino el de la simple espera» o están para recordarnos que «todo, desde el primer baile en un salón de barrio y hasta el fin, se me hizo dulce, cuesta abajo, y yo no tuve otra cosa que gastar tiempo y paciencia». Aquellos que cuentan las colillas de los cigarrillos fumados en una noche lenta para que los grandes nombres puedan perorar, por ejemplo, sobre guerras en las que no han peleado.

Matadero cinco

Matadero cinco

Kurt Vonnegut escribió Matadero 5, uno de los libros más iluminadores sobre la segunda guerra mundial, una novela de apenas 180 páginas que para mí condensa todo el dolor y la barbarie de semejante matanza, quizás porque él mismo la vivió. Vonnegut fue uno de los siete soldados norteamericanos prisioneros de guerra que sobrevivieron al bombardeo de Dresde por parte de los aliados el 13 y 14 de febrero de 1945. La lluvia de fuego –fueron arrojadas 4 mil toneladas de bombas– mató a 25 mil personas en aquellos dos días. El joven Vonnegut fue obligado a incinerar los restos de los muertos con un lanzallamas ante la falta de espacio en los cementerios. Billy Pilgrim es el nombre del protagonista de la novela. Pilgrim, un soldado que algunos creen retrasado, es puesto preso por los alemanes cuando deambula perdido en medio de la nieve con unos suecos de madera por zapatos y luego llevado a Dresde. Como Vonnegut, sobrevive al bombardeo al estar resguardado en un matadero subterráneo y al salir de nuevo a la superficie se encuentra con montañas de cuerpos calcinados.

Me gustaría mostrar un pequeño párrafo para explicar el por qué de mi afirmación cuando digo que Matadero 5 es una de las novelas, dentro de las miles que se han escrito sobre la segunda guerra mundial, que a mi juicio toca lo fundamental:

En la escena un hombre y una mujer hablan en un tono lastimero «que podría haber sido el de los amigos de Jesús cuando desclavaron de la cruz su cuerpo destrozado (…) Billy les preguntó, en inglés, qué era lo que querían. Al momento ambos le reprendieron, también en inglés, por las condiciones en que se encontraban los caballos. Le hicieron bajar de la carreta para que los viera, y se quedaron sorprendidos cuando le vieron echarse a llorar ante el estado de su medio de transporte. Durante toda la guerra, nada había conseguido hacerle llorar».

He pensado que si alguien quisiera en verdad escribir una novela que pretenda hablar sin imposturas de la horrible guerra que Colombia ha vivido tendría que describir una escena con el mismo espíritu. Es más, la novela en su totalidad debería  tener el mismo espíritu de Matadero 5, de lo contrario sería lo que han sido todas las que dicen hablar de nuestra guerra hasta hoy, vanos malabares literarios, unos más afortunados que otros pero todos al fin y al cabo fábulas que presumen ahondar en el dolor. No sobra decir que a pesar de las 4 mil toneladas de bombas y los 25 mil muertos, Matadero 5 está escrita con un humor que permite la redención, que logra que el lector atraviese un campo minado con una sonrisa en la cara.

¿Cómo no hacer entonces de Kurt Vonnegut mi pastor, cómo no pensar en su nombre para la calcomanía de mi improbable carro? Les doy otras razones: Además de pasar por el infierno de Dresde, su mamá se suicidó cuando apenas era un niño. Lo hizo el 14 de mayo de 1944, día de la madre para ser exactos. Aún así dijo siempre haber querido ser un escritor cómico. Cuando le preguntaron cómo se sentía al escribir respondió: «como un hombre sin piernas y sin brazos con un crayón en la boca». Vonnegut fue Boy Scout y dijo siempre estar listo, por eso tenía preparado su discurso en caso de obtener el Nobel. Consistía en una sola línea: «He esperado mucho por esto. No sé si perdonarlos, me han obligado a ser un hombre muy viejo». Era muy atinado en sus observaciones literarias. Acerca del escritor francés Céline dijo: «En mi opinión, Céline descubrió un orden más alto y más terrible de la verdad literaria al ignorar el vocabulario cojo de las damas y de los caballeros, y usar, en cambio, el lenguaje más exhaustivo de los astutos y atormentados rufianes».

Fumador impenitente, Vonnegut amenazó con demandar a una compañía tabacalera por no cumplir lo que prometía. Había fumado por cuarenta años y todavía no se había muerto. Y bueno, cuando por fin murió lo hizo como en una película de sus adorados Laurel y Hardy: se resbaló por una escalera al salir de su apartamento en una mañana de invierno.

En una entrevista le preguntaron a Denis Hopper cuál era su secreto para preparar sus personajes. El actor respondió:

—En la mano izquierda tengo a James Dean y en la derecha a Montgomery Cliff.

Hopper mezcla la desbordada pasión de Dean y la elegancia metódica de Cliff en sus actuaciones y obtiene un balance perfecto. Me gustaría tener la forma de Ganesh, el dios del panteón hinduista, patrono de las artes y las ciencias, y poseer múltiples brazos para sostener a Saul Bellow, al Franz Kafka de América, a Rubem Fonseca, a Gesualdo Bufalino, a Leonard Cohen, a tantos otros, pero como solo poseo dos, ahora que me dispongo a escribir mi segunda novela quisiera tener a J.D. Salinger en la izquierda y en la derecha a otro hombre que mencioné antes, Juan Carlos Onetti, que alguna vez dijo: «el escritor escribirá porque sí, porque no tendrá más remedio que hacerlo, porque es su vicio, su pasión y su desgracia». A ellos me encomiendo. A Vonnegut lo tengo en el corazón y algún día lo tendré en el carro.

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A continuación relacionamos los hipervínculos de acceso a un par de crónicas de Andrés Felipe Solano, publicadas en la Revista SOHO y que consideramos relevantes para conocer otra faceta de su obra:

http://cronicasperiodisticas.wordpress.com/2009/06/13/seis-meses-con-el-salario-minimo/

http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=9229


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