Obra de Jake y Dinos, los hermanos Chapman

By Adolfo Villafuerte

Siempre le dije a mi papá que quería ser un escritor famoso y vender muchos libros. Pero él se preocupaba y me decía que no pensara en esas cosas todavía.

Ese día me encontré con Laura en la cafetería del cine, una pecosita de 10 años. Yo estaba muy emocionado porque nunca lo había hecho con una niña mayor a mí. La función empezaba en 15 minutos, así que me la llevé rápido al cuartito donde el conserje del cine guardaba las escobas. El cuarto era oscuro y pequeñito. Quité un balde del mesón de baldosa y puse a Laura en él y le subí la falda hasta la cintura y le froté la nariz en la vulva hasta que se le encalaron las bragas que luego arranqué a dentelladas para verle la raja lampiña que penetré con el meñique para que no le doliera y no fuera traumático y de verdad se excitara y se emparamara; tal como lo hizo. Después metí las manos por debajo de sus muslos y mientras le separaba los labios mayores con los dedos del medio la levantaba con los antebrazos; ella era flaquita y yo muy fuerte y vi cómo la raja le chorreaba de algo espeso y entonces moví a Laura en círculos en el aire para hacer figuritas en las baldosas con el hilito de cosa espesa. Después boté a Laura de espaldas en el piso y le embutí el trapero en la boca para que se asfixiara con las hilachas encaladas de meados de los baños del cine. Cuando Laura dejó de moverse solté el palo del trapero y quedó erguido como el mástil donde izan la bandera todos los lunes en el colegio. Ya iba a empezar la película, así que le robé la entrada de Laura y pasé la lengua por las baldosas donde estaba su juguito. Las baldosas estaban muy frías y el juguito sabía como a de lulo pero sin azúcar. No me gustó. Volví a la cafetería del cine y me puse a buscar niñas a las que pudiera invitar con la entrada de Laura. Pensé que después de la película todavía tendría tiempo para hacer otras cositas, antes que mis papás me recojan. A ver si me vuelven a dejar en una matiné infantil.

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