Adolfo Villafuerte

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Desarraigado de ningún lado, así me evito trabas diplomáticas. Mi nombre quiere decir lobo y mi signo zodiacal chino es el perro. Pasatiempo: quejarme. Asceta cáustico en tratamiento por misantropía aguda y ergofóbico en busca de mecenas. He traducido autores de prestigio internacional como Jeremy C. Shipp y Raúl Harper. Textos míos han aparecido ignominiosamente mutilados en algunas revistas y en la antología de cuentos Simbiosis virginal. Luego publiqué el cuento largo “Opaco”, ese sí me lo dejaron quieto, el problema es que apareció en una antología de circulación underground llamada Cenizas en el andén, dificilísimo de conseguir, por lo que permanece (y permanezco) virtualmente inédito. Últimamente he desistido de buscar publicaciones, lo que me ha convertido en un ser humano considerablemente más sereno, feliz y en comunión con todos los otros componentes animados e inanimados que habitan este maravilloso planeta en proceso de cocción. Milito en caterva y allá pueden encontrarme todos los domingos, bañado y peinado.