Historia por Jeremy C. Shipp

(Del libro “Sheep and Wolves”)

Traducción por Adolfo Villafuerte

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Jeremy C. Shipp

La garrapata te succiona fuera de mí en cuestión de minutos, pero transcurren tres días hasta que naces de nuevo.
Durante el periodo de espera, garabateo ideas, diagramas, incluso pedacitos de diálogo. Lleno todo un cuaderno con letras chuecas y pequeños agujeros donde mis lápices traspasan la hoja.
Finalmente, estoy de pie frente a la garrapata, comiéndome las uñas, viéndola empujar el saco embrionario por su diminuto culito.
“¿Duele?” digo.
“Sí, un poquito” dice la garrapata. “Pero vale los $500”
“¿Y tú para qué necesitas $500?”
“¿Tú para qué necesitas un hombrecito?”
Emerges, te abres paso cortando el saco, cubierto de pus verde.
“¿De donde sacó el cuchillo?” digo.
“Debe estar hecho de depósitos de calcio”, dice la garrapata.
Tú sigues desorientado, lanzando golpes al aire, gritando algo acerca del ejército. Te guardo en la bolsa negra.
En la cena, mi esposa me habla acerca de alguna organización sin ánimo de lucro y finjo interés. Ella termina llorando –No sé muy bien por qué. Tal vez me reí cuando debí haber fruncido el seño.
Más tarde esa noche, estoy en el garage, mirando la jaula de jerbo.
La bolsa negra no se mueve, y me aterroriza que estés muerto.
Pero luego, cuando te boto, te levantas y gritas, “¿Qué diablos hiciste?”.
“Esto ya no es acerca de mi”, digo. Bueno, recito. “Siempre hiciste todo acerca de mi, pero siempre era acerca de ti. Ahora vas a pagar por lo que me hiciste. Y a mamá”.
Apuntas tu cuchillo en mi dirección. “Déjame me ir o te mato de una puta vez”.
Me río. Me río de tu estúpido cuchillito y de tu estúpida vocecita. Solía temerle tanto a esos ojos, pero ahora son míos para jugar.
Entonces abro mi cuaderno. “Puedes olvidarte de pedir clemencia. Tengo que hacer esto”.
“Me pudiste haber dejado muerto”, dices.
Tienes razón, por supuesto. No debería estar aquí ahora. Debería estar en cama, abrazando a mi esposa, soñando esta pesadilla en lugar de vivirla.
Pero es muy tarde ahora.
Busco la granja de hormigas.

*      *      *

PARASITE

By Jeremy C. Shipp

THE TICK SUCKS you out of me in a matter of minutes, but it takes three
months before you’re born again.
During the waiting period, I scribble down ideas, diagrams, even
snippets of dialogue. I fill an entire notebook with jagged letters and little
holes where my pencils puncture the paper.
Finally, I’m standing over the tick, biting my fingernails, watching him
push the embryonic sack out his tiny ass.
“Does that hurt?” I say.
“Yeah, a little,” the tick says. “But it’s worth the $500.”
“What do you need with $500 anyway?”
“What do you need with a little man?”
You emerge, and cut your way out of the sack, coated with green pus.
“Where did he get the knife?” I say.
“It must be made of calcium deposits,” the tick says.
You’re still disoriented, swinging at the air, shouting something about
the army. I stick you in the black bag.
At dinner, my wife tells me about some non-profit organization, and
I pretend to care. She ends up crying—I’m not sure why. Maybe I laughed
when I should’ve frowned.
Later that night, I’m inside the garage, looking into the gerbil cage.
The black bag isn’t moving, and I’m terrified you’re dead.
But then, when I dump you out, you get up and yell, “What the fuck
did you do?”
“This isn’t about me anymore,” I say. Well, recite. “You always made
everything about me, but it was always about you. Now you’re gonna pay
for what you did to me. And mom.”
You point your knife at me. “Let me go, or I’m gonna fucking kill you.”
I laugh. I laugh at your stupid little knife and your stupid little voice. I
used to be so afraid of those eyes, but now they’re mine to play with.
So I open my notebook. “You can forget begging for mercy. I have to
do this.”
“You could’ve let me stay dead,” you say.
You’re right, of course. I shouldn’t be here right now. I should be in
bed, holding my wife in my arms, dreaming this nightmare instead of
living it.
But it’s too late now.
I reach for the ant farm.